Nostalgia

 
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Nostalgia
 
 
NOSTALGIA DE LO QUE NUNCA SUCEDIÓ
Carlos Bernal / 2005
Muchos dijeron entonces que debía salir a navegar a mar abierto, que mi barco era fuerte, construido con maderas buenas por expertos calafateadores y en un buen astillero; dotado de velamen suficiente como para soportar temporales “macheteando el mar con su afilada proa”.

Muchos dijeron entonces que tenía que dedicarme a cantar de forma profesional.
Cuando grabé en 1970 para TVE en el programa que se emitió sobre Ceuta, los realizadores del mismo me dijeron que tenía que ir a Madrid, donde se cocía lo importante; que allí podría hacer carrera musical, que tenía buenas condiciones, que otros muchos lo habían hecho antes que yo...

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Pero siempre preferí quedarme al socaire de una bahía, a su abrigo. Navegar con poco trapo disfrutando de la brisa suave que solo “hincha a ratos las lonas que cuelgan como ropa sucia del palo”. Navegar sin tener que arriesgar la seguridad del barco y su tripulación haciendo frente a mares más bravas para las que no estaba seguro si estaba preparado. Navegar sin tener que luchar contra viento y marea en lugares desconocidos.

Pero siempre preferí darme el gusto de vez en cuando de cantar para los amigos, para mi pueblo, en pequeños recitales o en festivales preparados con cualquier excusa, o en algún pub por matar el gusanillo de la música únicamente.

Aunque -eso sí- nunca pude disfrutar de la emoción de navegar “largando todo el trapo”, ver todas las velas desplegadas mientras oía “la lona dando zapatazos” y el viento de levante azotaba de frente en mi cara.

Aunque -eso sí- nunca sentí la emoción de haber cantado en grandes lugares y para mucha gente. Tampoco sentí la decepción de ver cómo me iban dando con las puerta en las narices en cada casa discográfica a la que fuera llamando. Ni la frustración de, llegado el caso, haber pasado toda una vida intentando triunfar en algo para lo que no estaba totalmente convencido de valer. Me veía mayor -pasado el tiempo- cantando en la calle y sin nada.

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No sé si fue prudencia, sensatez o cobardía. Ya sé que un barco está hecho para navegar afuera, en mar abierto, pero había visto buenos navíos irse a pique. Navíos que yo consideraba preparados para navegar bien incluso con mala mar; construidos con buenas maderas y dotados de buena tripulación. Pero navíos que, llevados por malos vientos, patroneados de forma más que dudosa, o simplemente arrastrados por la mala suerte, habían sucumbido al primer o segundo temporal y habían ido a dar con su palo mayor en el fondo de cualquier océano.

No sé si fue prudencia, sensatez o cobardía. Es posible que fuera una mezcla de todo. Lo cierto es que me inundó un pánico tremendo. Yo era demasiado joven entonces (17 años), estaba estudiando y coincidí con mis mayores en que lo mejor que podía hacer era terminar la carrera y luego... ya veríamos. Pero luego llegaron otras expectativas muy atrayentes para un joven de veinte años: la mujer de mi vida, el primer trabajo, las oposiciones, un sueldo fijo para siempre... el matrimonio, los hijos, una vida muy feliz y llena de satisfacciones. Y además, por otra parte, conocí a unos cuantos músicos muy buenos que no tuvieron toda la fortuna que se merecían y fracasaron. Años de esfuerzo por intentar llegar, malos tiempos, sinsabores... para al final no llegar a buen puerto.

He sido y soy un hombre feliz. No me arrepiento de la decisión y el camino que tomé. Pero de toda formas, ahora, pasado el tiempo, siempre te queda la duda de si pudo ser buena aquella singladura. Como dice Sabina en una canción "no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió".

Cosas que pasan.
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NOTA: Los símiles marineros entrecomillados están inspirados o tomados directamente de “CABO TRAFALGAR”, de Pérez Reverte.